Para empezar les dejo un articulo (mayormente son sacados de Manual de supervivencia zombie de Max Brooks) sobre las diferentes aptitudes a tener en cuenta al momentod e enfrentar a un zombie, disfrutenlo!!
1.CUALIDADES DE
LOS ZOMBIS
1. Habilidades
físicas
Con demasiada
frecuencia se dice que los no muertos poseen unos poderes sobrehumanos: fuerza
inusual, velocidad del rayo, telepatía, etc. Las historias van desde zombis
que vuelan por los aires a zombis que escalan superficies verticales como
arañas. Mientras se inventan esas características para darle más dramatismo a
la situación, el gul se aleja bastante de este demonio mágico y omnipotente.
Nunca olvides que el cuerpo de un no muerto es, antes que otra cosa, humano.
Los cambios se observan en la manera en que un cerebro recién infectado usa el
cuerpo resucitado. No habría forma de que un zombi pudiera volar a menos que
los humanos pudieran volar. Pasa lo mismo con el dominio de la fuerza, la
teletransportación, el traspaso de objetos sólidos, la transformación en lobo,
la respiración del fuego o una amalgama de diferentes talentos místicos
atribuidos a los muertos andantes. Imagina que el cuerpo humano es un juego de
herramientas. El cerebro sonámbulo posee estas herramientas y, únicamente esas herramientas, están a su
disposición. No puede crear nuevas como de la nada. Pero puede, como
comprobarás, usar estas herramientas en combinaciones poco convencionales, o
hacer que duren más allá de los límites humanos normales.
A. Vista
Los ojos de un
zombi no son diferentes de los de un humano corriente. Aunque aún son capaces
(dado el índice de descomposición) de transmitir señales visuales al cerebro,
la forma en que el cerebro interpreta dichas señales es otro asunto. Los estudios
son inconcluyentes en lo que concierne a las habilidades visuales de los no
muertos. Pueden captar a la presa a distancias comparables a las humanas, pero
si pueden distinguir a un humano de uno de ellos aún está por debatir. Una de
las teorías sugiere que los movimientos que realizan los humanos son más
rápidos y suaves
que los de los no muertos, lo que causa que llamen la atención al ojo zombi. Se
han realizado experimentos en los que humanos han intentado confundir a gules
que se acercaban, imitando sus movimientos y arrastrando los pies mientras
cojeaban con torpeza. Hasta la fecha, ninguno de estos intentos ha tenido
éxito. Se ha llegado a sugerir que los zombis poseen visión nocturna, un hecho
que explica su habilidad para la caza nocturna. Esta teoría ha sido desacreditada
por el hecho de que todos los zombis son expertos alimentándose de noche,
incluso aquellos que no tienen ojos.
B. Oído
No cabe duda
alguna de que los zombis poseen un oído excelente. No sólo pueden detectar el
sonido, también pueden determinar su dirección. El alcance básico parece ser
el mismo de los humanos. Los experimentos con frecuencias extremadamente altas
y bajas han producido resultados negativos. Los exámenes también han mostrado
que los zombis se sienten atraídos por cualquier sonido, no sólo por los que
producen las criaturas con vida. Se ha documentado que los gules perciben sonidos
que el oído humano ignora. La más probable, aunque indemostrable, explicación
es que los zombis dependen de todos sus sentidos en igual medida. Los humanos
se orientan con la vista desde su nacimiento y dependen de otros sentidos sólo
si pierden el primero. Tal vez, esta discapacidad no la comparten con los
muertos andantes. De ser así, esto explicaría su habilidad para cazar, luchar y
alimentarse en total oscuridad.
C. Olfato
A diferencia del
oído, los no muertos tienen un sentido del olfato más agudo. Tanto en
situaciones de combate como en las pruebas de laboratorio, han sido capaces de
distinguir el olor de una presa viva de las otras. En muchos casos, y contando
con una orientación del viento ideal, se ha comprobado que los zombis huelen
los cadáveres frescos a una distancia de más de un kilómetro. De nuevo, esto no
significa que los gules tengan un sentido del olfato mayor que el de los
humanos, simplemente es que ellos se valen más de él. No se sabe exactamente
qué secreción en particular es la que indica la presencia de la presa: el
sudor, las fero-monas, la sangre, etc. En el pasado, la gente pretendía moverse
sin ser detectada por las áreas infestadas intentando camuflar el olor humano con perfumes, desodorantes
u otro producto químico de olor fuerte. Ninguno tuvo éxito. En la actualidad se
llevan a cabo experimentos con vistas a sintetizar el olor de los seres vivos
para usarlo como señuelo o incluso repelente de los muertos andantes. Quedan
años para que se encuentre un producto que funcione.
D. Gusto
No se sabe mucho
sobre las papilas gustativas alteradas de los muertos andantes. Los zombis
tienen la habilidad de distinguir la carne humana de la de los animales, y
prefieren la primera. Los gules poseen también una habilidad asombrosa para
rechazar la carroña en favor de la carne fresca recién muerta. Un cuerpo
humano que lleve muerto entre doce y dieciocho horas será rechazado como
comida. Lo mismo pasa con los cadáveres que han sido embalsamados o
preservados de cualquier otra forma. Todavía no sabemos si esto tiene algo que
ver con el gusto.
Puede que tenga que ver
con el olfato o, quizá, con otra clase de instinto que no hemos descubierto.
¿Por qué exactamente la carne humana es preferible? La ciencia todavía tiene
que encontrar una respuesta a esta confusa, frustrante y terrorífica pregunta.
E. Tacto
Los zombis no
perciben, literalmente, los estímulos físicos. Todos los receptores nerviosos
siguen muertos después de la resurrección. Verdaderamente se trata de su
ventaja más grande y terrorífica sobre los vivos. Nosotros, como humanos, tenemos
la habilidad de experimentar el dolor físico como un signo de deterioro
corporal. Nuestro cerebro clasifica tales sensaciones, las agrupa teniendo en
cuenta el estímulo que las provoca y después archiva la información para usarla
como aviso en futuras lesiones. Este es el don de la fisiología y el instinto
que nos permite sobrevivir como especie. Por esta razón valoramos virtudes como
el coraje, que inspira a las personas a realizar acciones a pesar de las
señales de peligro. La incapacidad de reconocer y evitar el dolor es lo que
convierte a los muertos andantes en criaturas tan formidables. No notan las
heridas y, además, estas no les impiden atacar. Aunque el cuerpo de un zombi
sufra daños severos, continuará atacando hasta que no quede nada de él.
F. Sexto sentido
Las
investigaciones realizadas a través de la historia, combinadas con los estudios
de campo y de laboratorio, han demostrado que los muertos andantes atacan
incluso cuando todos sus órganos sensoriales han sido dañados o se han
descompuesto por completo. ¿Significa esto que los zombis poseen un sexto
sentido? Tal vez. Los seres vivos usan menos del 5 % de su capacidad cerebral.
Es posible que el virus pueda estimular otras habilidades sensoriales que la
evolución ha olvidado. Esta teoría es la que se discute más acaloradamente en
la guerra contra los no muertos. Hasta ahora, no hay pruebas científicas que
apoyen a ningún bando.
G. Cicatrización
A pesar de las leyendas y las tradiciones
antiguas, la fisiología de los no muertos ha demostrado no poseer poderes de
regeneración. Las células que están dañadas siguen estando dañadas. Cualquier
herida, sin importar su tamaño o su naturaleza, seguirá abierta mientras que
esté en fase de resurrección. Se han llevado a cabo una variedad de
tratamientos médicos para estimular el proceso de cicatrización en gules
capturados. Ninguno resultó positivo. Esta incapacidad para repararse a sí
mismos, algo que los seres vivos poseemos, supone una importante desventaja
para los no muertos. Por ejemplo, cada vez que nos esforzamos físicamente,
nuestros músculos se desgastan. Con el tiempo, estos músculos se reconstruyen y
pasan a ser más fuertes que antes. La masa muscular de un gul permanecerá
dañada, reduciendo su efectividad cada vez que la use.
H.
Descomposición
La esperanza de vida media para los zombis -cuánto tiempo es
capaz de funcionar antes de descomponerse del todo- es de tres a cinco años.
Por muy fantástico que suene -el cuerpo humano es capaz de prevenir los efectos
naturales de descomposición- lo que causa su putrefacción es biología básica.
Cuando un cuerpo humano muere, su carne inmediatamente se cubre de billones de
organismos microscópicos. Estos organismos siempre estuvieron presentes en el
entorno externo y dentro del cuerpo. Mientras vivimos, el sistema inmunológico
funciona como una barrera entre estos organismos y su objetivo. Cuando morimos,
la barrera se abre. Los organismos empiezan a multiplicarse exponencial-mente
cuando se alimentan y, por esa razón, el cadáver sufre un colapso a nivel
celular. El olor y la decoloración asociados con la carne en descomposición son
el efecto del proceso biológico del trabajo de estos microbios. Cuando pides un
bistec «muy hecho», estás pidiendo un trozo de carne que ha empezado a
pudrirse; lo que antes era carne dura, ha sido reblandecida por microorganismos
que han colapsado su fibra robusta. En un periodo corto de tiempo, ese bistec,
igual que un cadáver humano, se quedará en nada, dejando tan sólo material
demasiado duro y falto de nutrientes para ningún microbio, como huesos,
dientes, uñas y pelo. Este es el ciclo de la vida normal, la forma en que la
naturaleza recicla los nutrientes y los hace volver a la cadena alimenticia.
Para parar este proceso y preservar el tejido muerto, es necesario situarlo en
un entorno inapropiado para las bacterias, como puede ser un lugar con
temperaturas muy bajas o muy altas, o en compuestos químicos tóxicos como el
formaldehído, o, en este caso, saturarlo con Solanum.
Casi todas las
especies de microbios que están implicadas en la descomposición humana normal
han rechazado en repetidas ocasiones la carne infectada por el virus,
embalsamando al zombi eficazmente. Si este no fuera el caso, combatir a los
muertos vivientes sería tan fácil como evitarlos durante varias semanas o
incluso días hasta que se pudrieran y quedaran únicamente los huesos. Los investigadores
deben aún encontrar la causa exacta de esta condición. Se ha descubierto que
al menos una especie de microbio ignora los efectos de repulsión del Solanum:
de otro modo, los no muertos permanecerían en perfecto estado de conservación
para siempre. Asimismo, se ha determinado que las condiciones naturales como la
humedad y la temperatura juegan un papel importante. Los no muertos que
frecuentan los pantanos de Luisiana puede que no duren tanto como los que viven
en zonas frías, o en el seco desierto de Gobi. Las situaciones extremas, como
el frío intenso o la inmersión en líquidos conservantes, podrían,
hipotéticamente hablando, permitir a la especie de los no muertos vivir
indefinidamente. Se sabe que estas técnicas permiten a los zombis actuar durante
décadas, incluso siglos. (Véase «Ataques registrados», p. 239 y ss.) La
descomposición no supone que un miembro, de los muertos andantes simplemente
se desplome. La putrefacción afectaría a varias partes del cuerpo en momentos
diferentes. Se han encontrado especímenes con el cerebro intacto pero el cuerpo
descompuesto. Otros con el cerebro parcialmente podrido podían mantener ciertas
funciones corporales, pero el resto estaban totalmente paralizadas.
Recientemente, circula una teoría popular que intenta explicar la historia de
la momia del antiguo Egipto como uno de los primeros ejemplos del embalsamado
de un zombi. Las técnicas de conservación permitían que vivieran durante varios
miles de años después de haber sido sepultados. Cualquiera con un conocimiento
mínimo del antiguo Egipto encontraría esta historia falsa y ridicula: ¡El paso
más importante y complicado en la preparación del faraón para su entierro era
la extracción del cerebro!
I. Digestión
Pruebas
recientes han descartado, de una vez por todas, la teoría de que la carne
humana supone el combustible para los no muertos. El tracto digestivo de un
zombi está completamente inactivo. El sistema complejo que procesa la comida,
que extrae los nutrientes y excreta los restos no se tiene en cuenta en la
fisiología de un zombi. Las autopsias que se han llevado a cabo en no muertos
controlados han demostrado que su alimento permanece
en su estado original, sin digerir en ninguna de las secciones del tracto. La
materia, que mastican parcialmente y que se pudre de forma lenta, continuará
acumulándose mientras el zombi devore más víctimas, hasta que salga, a la
fuerza, por el ano, o literalmente haga que estallen el estómago o los
intestinos. Aunque estos ejemplos que resultan impresionantes sobre la falta de
digestión son escasos, cientos de informes de testigos oculares confirmaron que
los no muertos tenían el vientre hinchado. ¡Un espécimen capturado y analizado
detenidamente contenía 96 kilos de carne dentro de su sistema! Existen casos
aún menos numerosos que han confirmado que los zombis continúan alimentándose
hasta mucho después de que su tracto digestivo le haya explotado desde dentro.
J. Respiración
Los pulmones de
los no muertos continúan funcionando en lo que se refiere a inhalar aire y
expulsarlo de su cuerpo. Esta función otorga a los zombis su firma personal: el
gemido. Lo que los pulmones y la química del cuerpo no consiguen, sin embargo,
es extraer el oxígeno y eliminar el dióxido de carbono. Dado que el Solanum
obvia la necesidad de ambas funciones, el sistema respiratorio queda obsoleto
en el cuerpo de un gul. Esto explica cómo los muertos vivientes pueden caminar bajo el agua o sobrevivir en entornos letales para los
humanos. Sus cerebros, como ya se dijo antes, no dependen del oxígeno para
sobrevivir.
K. Circulación
Resultaría
inapropiado decir que los zombis no tienen corazón. Lo que no sería inapropiado decir, sin embargo, es que no han encontrado ninguna
utilidad para él. El sistema circulatorio de un no muerto es poco más que una
red de tubos inútiles llenos de sangre coagulada. Pasa lo mismo con el sistema
linfático, así como con otros fluidos corporales. A pesar de que esta mutación
pareciera otorgarle a los no muertos una ventaja sobre el resto de la
humanidad, en realidad ha demostrado ser una bendición. La falta de masa de
fluidos previene la fácil transmisión del virus. Si esto no fuera cierto, el
combate cuerpo a cuerpo sería prácticamente imposible, ya que el humano que se
defendiera sería salpicado con toda seguridad con sangre u otros fluidos.
L. Reproducción
Los zombis son
criaturas estériles. Sus órganos sexuales están necróticos y son impotentes. Se
han hecho intentos para fertilizar óvulos de zombi con esperma humano y
viceversa. Ninguno tuvo éxito. Los no muertos tampoco muestran signos de deseo
sexual, ni hacia su especie ni hacia los vivos. Hasta que las investigaciones
puedan demostrar algo diferente, el gran miedo de la humanidad -que los muertos
se reprodujeran y trajeran al mundo más muertos- resulta ser una imposibilidad
reconfortante.
M. Fuerza
Los gules poseen
la misma fuerza bruta que los vivos. Qué potencia pueda ser ejercida depende en
gran medida del zombi en cuestión. La masa muscular que posee una persona viva
será toda la que posea muerta. A diferencia de un cuerpo vivo, no se ha
descubierto si las glándulas suprarrenales funcionan en los muertos, despojando
a los zombis del estallido temporal de potencia del que disfrutamos los
humanos. La única ventaja sólida que los muertos vivientes poseen es una
resistencia increíble. Imagina que estás entrenándote o realizando cualquier
otro acto de ejercicio físico. Lo más probable es que el dolor y la extenuación
dicten tus límites. Estos factores no se aplican a los muertos. Continuarán una
acción, con la misma energía dinámica, hasta que los músculos literalmente
acaben por descomponerse. A pesar de que los gules van debilitándose progresivamente,
esto les permite un poderoso primer ataque. Muchos grupos de tres o incluso
cuatro humanos, físicamente en forma, cayeron ante un único zombi decidido.
N. Velocidad
Los muertos andantes suelen moverse con los hombros caídos o
cojeando. Incluso sin heridas o una descomposición muy avanzada, su falta de
coordinación provoca que anden a grandes zancadas de forma inestable. La
velocidad viene determinada principalmente por la longitud de las piernas. Los
gules más altos darán zancadas más largas que sus homólogos de piernas más
cortas. Al parecer los zombis son incapaces de correr. El índice de velocidad
más rápido es de apenas un paso cada 1,5 segundos. Al igual que con la fuerza,
la ventaja de los muertos sobre los vivos es su falta de cansancio. Los humanos
que crean que pueden aventajar a los no muertos que los persigan, deberían
acordarse del cuento de la liebre y la tortuga, teniendo en cuenta, claro, que
en este caso la liebre tiene muchas posibilidades de ser devorada viva.
O. Agilidad
Un humano posee
una destreza un 90 % mayor que la del gul más fuerte. En algunos casos se debe
a la rigidez general que sufre el tejido de sus músculos necrosados (de ahí sus
pasos torpes). El resto se debe a sus primitivas funciones cerebrales. Los
zombis apenas tienen coordinación mano-ojo, una de sus grandes debilidades.
Nadie ha visto jamás saltar a un zombi, ni de un lado a otro, ni, simplemente,
de arriba abajo. Balancearse por una superficie estrecha es, del mismo modo, lo
más hábiles que pueden ser. Nadar es también una función reservada
exclusivamente para los vivos. La teoría demuestra que, si el cadáver de un no muerto
está lo suficientemente hinchado para alcanzar la superficie, puede suponer un
peligro a flote. Sin embargo, esto no es muy común, porque si el cuerpo se
encuentra en un índice bajo de descomposición, no puede acumularse el gas
dentro del cuerpo. Los zombis que caminan o caen en el agua deambularán sin
rumbo por el fondo hasta terminar disolviéndose. Pueden ser escaladores con
éxito, pero sólo en ciertas circunstancias. Si los zombis perciben que la presa
se encuentra encima, por ejemplo, en el segundo piso de una casa, siempre
intentarán llegar hasta ellos. Intentarán escalar cualquier superficie sin
importar lo inviable o imposible que resulte. En todas, excepto en las
situaciones más fáciles, estos intentos han terminado en derrota. Incluso en el
caso de las escaleras, donde sólo se requiere la coordinación mano-mano,
únicamente uno de cada cuatro zombis lo consigue.
2. Patrones de comportamiento
A. Inteligencia
En repetidas
ocasiones se ha demostrado que nuestra mayor ventaja sobre los no muertos es
nuestra habilidad para pensar. La capacidad mental promedio del zombi se
encuentra por debajo de la de un insecto. En ninguna ocasión han demostrado
habilidad alguna para razonar o usar la lógica. Intentar llevar a cabo una
tarea, fallar, entonces por ensayo y error descubrir una nueva solución es una
habilidad que comparten muchos miembros del reino animal pero que los muertos
andantes han perdido. Los zombis han fallado repetidas veces en los
laboratorios los test de inteligencia ajustados al nivel de los roedores. Un
caso realizado en exteriores exponía a un humano de pie al final de un puente
desplomado frente a una docena de zombis al otro lado. Uno por uno, los muertos
andantes caían por uno de los lados al intentar inútilmente alcanzarlo. En
ningún momento ni uno sólo de ellos se dio cuenta de lo que estaba pasando y
cambió su táctica en modo alguno. De forma contraria al mito y a la
especulación, nunca se ha visto a los zombis usando herramientas de ningún
tipo. Incluso coger una piedra para usarla como arma está más allá de su
entendimiento. Esta simple tarea probaría un proceso de pensamiento básico que
implica comprender que la roca es un arma más eficiente que la mano desnuda. De
un modo irónico, la era de la inteligencia artificial nos ha permitido
identificarnos más fácilmente con la mente del zombi que con la de nuestros
más primitivos ancestros. Existen escasas excepciones,
pero incluso los ordenadores más avanzados carecen de la habilidad para pensar
por sí solos. Hacen lo que están programados para hacer, nada más. Imagina un
ordenador programado para llevar a cabo una función. Esta función no se puede
parar, modificar o eliminar. No puede almacenarse ningún dato nuevo. No puede
instalarse ninguna orden nueva. Este ordenador desempeñará una única función,
una y otra vez, hasta que la fuente de energía finalmente se termine. Así es el
cerebro de un zombi. Conducido por el instinto, es una máquina monotarea
impenetrable, que no puede forzarse y que únicamente puede ser destruida.
B. Emociones
No se conocen
sentimientos de ningún tipo en los muertos andantes. Toda clase de guerra
psicológica, desde enfurecer a los no muertos a provocar que sientan piedad, ha
acabado en desastre. Alegría, tristeza, fe, ansiedad, amor, odio, miedo; todos
estos sentimientos y miles más que constituyen el corazón humano resultan tan inútiles para los
muertos vivientes como el órgano del mismo nombre. ¿Quién sabe si esto supone
para la humanidad su mayor debilidad o su mayor fuerza? El debate continúa, y
probablemente lo haga para siempre.
C. Recuerdos
En la
actualidad, creemos en vano que un zombi retenga los conocimientos de su
anterior vida. Oímos historias sobre muertos que vuelven a sus lugares de
residencia o de trabajo, utilizando maquinaria que les es familiar, o incluso
mostrando compasión para con sus allegados. En realidad, no existe ni una
mínima prueba que avale esta falsa esperanza. Probablemente, los zombis no
podrían mantener los recuerdos de su anterior vida ni a nivel consciente ni
subconsciente, porque ¡ninguno de estos existe! Nunca podrán entretener a un
gul con la mascota de la familia, con los parientes vivos, con sus vecinos,
etc. No importa qué persona fuera en su anterior vida, esa persona se ha ido,
ha sido reemplazada por un autómata desprovisto de mente con el único instinto
de alimentarse. Esta situación implora la siguiente pregunta: ¿Por qué los
zombis prefieren las zonas urbanas a las afueras? Para empezar, los no muertos
no prefieren la ciudad, sino que simplemente se quedan en el lugar donde
resucitaron. En segundo lugar, la principal razón por la que los zombis tienden
a quedarse en las ciudades en lugar de desplegarse hacia las afueras es debido
a que las zonas urbanas contienen una mayor concentración de presas.
D. Necesidades
físicas
Además del
hambre (que discutiremos más tarde), los muertos no han mostrado ninguna de las
necesidades o carencias expresadas en vida mortal. Nunca se ha visto a los
zombis dormir o descansar bajo ninguna circunstancia. No han reaccionado ni al
frío ni al calor extremo. En condiciones meteorológicas extremas, nunca han
buscado refugio. Incluso algo tan simple como la sed es desconocido para los
muertos vivientes. Desafiando a todas las leyes de la naturaleza, el Solanum ha
creado lo que podría describirse como un organismo autosuficiente en todos los
aspectos.
E. Comunicación
Los zombis no
poseen habilidades para el lenguaje. Aunque sus cuerdas vocales están
capacitadas para el habla, su cerebro no. La única habilidad vocal parece ser
un lamento profundo. Los zombis liberan este gemido cuando identifican a la
presa. El sonido perdura bajo y constante hasta que se realiza el contacto
físico. Entonces, cambia de tono y volumen cuando el zombi comienza su ataque.
Este sonido espeluznante, asociado comúnmente con los muertos andantes, sirve
como llamada para otros zombis y, tal y como se ha descubierto recientemente,
es un arma psicológica muy potente. (Véase «Defendiendo», p. 105)
F. Dinámicas sociales
Siempre han
proliferado teorías de que los no muertos funcionan como una fuerza colectiva,
como un ejército comandado por Satán o una colmena de algún tipo de insecto que
se siente atraído por las feromonas; la idea más reciente afirma que consiguen
consenso de grupo mediante telepatía. Lo cierto es que los zombis no poseen
organización social de la que hablar. No hay jerarquía, no hay una cadena de
mando, no se dirigen hacia ningún tipo de colectivización. Una horda de no muertos,
sin tener en cuenta tamaño o apariencia, es, simple y llanamente, un grupo de
individuos. Si cientos de gules convergen en el emplazamiento de una víctima,
se debe a que cada uno se ha dejado llevar por su propio instinto. Los zombis
parecen ignorarse entre ellos. No se ha observado nunca que reaccionen a la
visión de otro a ningún alcance. Esto nos devuelve a la cuestión de la
percepción: ¿Cómo puede un zombi distinguir entre uno de los suyos y un humano
u otra presa en el mismo campo de acción? Aún no se ha encontrado una
respuesta. Los zombis eluden la presencia de otros zombis del mismo modo que
eluden objetos inanimados. Cuando se chocan con otro de ellos, no expresan
ningún intento de relacionarse o comunicarse. Los zombis que se alimentan del
mismo cadáver tiran de la carne en repetidas ocasiones en lugar de apartar a
empujones a sus competidores. La única sugerencia de esfuerzo en común se ha
observado en ataques en grupo notorios: el gemido de un gul llamando a otros
que puedan percibir tal sonido. Una vez que oyen el lamento, otros muertos
andantes casi siempre convergen en su emplazamiento. Un estudio antiguo expuso
la teoría de que se trataba de un acto deliberado cuando un explorador usaba
su gemido como señal para que los otros atacaran. Sin embargo, ahora sabemos
que esto ocurre por puro accidente. El gul que gime cuando detecta a una presa
lo hacen debido a una reacción instintiva, y no como alerta.
G. Cazar
Los zombis son
organismos migratorios, no muestran aprecio alguno hacia el territorio o el
concepto de hogar.
Viajarán kilómetros y
quizá, con el tiempo suficiente, cruzarán continentes en su búsqueda de comida.
Su patrón de búsqueda es fortuito. Los gules se alimentan por la noche y
durante el día. En realidad, más que buscar una zona de forma deliberada, se
topan con ella. No detectan ciertas zonas ni edificios a no ser que en ellas
haya alguna presa. Por ejemplo, algunos han buscado en granjas y otras
construcciones rurales mientras que otros del mismo grupo han ignorado por
completo aquel lugar. Las zonas urbanas requieren más tiempo para explorarlas,
por eso los no muertos permanecen más tiempo en dichas áreas, aunque ningún
edificio servirá de precedente sobre otro. Los zombis parecen ignorar
totalmente lo que les rodea. Por ejemplo, no mueven los ojos de ninguna manera
para obtener información sobre un nuevo objeto. Arrastran los pies en silencio,
miran al infinito, deambulan sin rumbo fijo hasta detectar a la presa. Tal y
como se ha discutido anteriormente, los no muertos poseen la extraña habilidad
de dirigir un ataque a la localización exacta de la víctima. Una vez que se
produce el contacto, el anteriormente callado y abstraído autómata se
transforma en algo más parecido a un misil dirigible. La cabeza se vuelve
inmediatamente en la dirección de la víctima. La mandíbula cae, los labios se
contraen y desde las profundidades de su diafragma surge un gemido. Una vez que
se realiza el contacto, los zombis no pueden distraerse en modo alguno.
Continuarán persiguiendo a la presa y pararán sólo si pierden el contacto, si
realizan una matanza con éxito o si son destruidos.
H. Motivación
¿Por qué los no
muertos atacan a los vivos si se ha demostrado que la carne humana no tiene una
función nutritiva? ¿Por qué su instinto les lleva al asesinato? La verdad
intenta eludirnos.
La ciencia
moderna, combinada con datos históricos, ha demostrado que los vivos no son
las únicas delicias del menú de los no muertos. Los equipos de rescate cuando
entran en zonas infestadas las describen, de modo consecuente, como
desprovistas de toda vida. Cualquier criatura, sin importar su tamaño o especie,
será consumida por un zombi en pleno ataque. La carne humana, sin embargo,
siempre será preferible a otras formas de vida. Un experimento consistía en
exponer ante un espécimen capturado dos cubos idénticos de carne: uno de carne
humana y otro de carne animal. En repetidas ocasiones el zombi prefirió la
humana. No se sabe aún por qué. Lo que sí puede confirmarse, más allá de toda
duda, es que el instinto provocado por el Virus convierte a los no muertos en
asesinos y devorado-res de cualquier criatura viva que descubran. Al parecer,
no hay excepciones.
I. Matar a los
muertos
Aunque parezca
que destruir a un zombi puede ser simple, no hay nada más lejos de la realidad.
Tal y como hemos visto, los zombis no requieren ninguna de las funciones
fisiológicas que los humanos necesitamos para sobrevivir. La destrucción o el
daño severo al sistema circulatorio, digestivo o respiratorio no harían nada a
un miembro de los muertos andantes, en tanto en cuanto esas funciones no se
mantienen en el cerebro. Simplemente piensa que existen miles de formas de
matar a un humano y sólo una de matar a un zombi. El cerebro debe ser
destruido, de cualquier manera posible.
J. Deshacerse
del cuerpo
Los estudios
muestran que el Solanum puede vivir en el cuerpo de un zombi destruido durante
otras cuarenta y ocho horas. Se ha de tener un cuidado extremo a la hora de
deshacerse del cadáver de un no muerto. La cabeza en particular conlleva el
mayor riesgo, dada su concentración del virus. Nunca cargues con el cadáver de
un no muerto sin ropa protectora. Trátalo como si fuera cualquier clase de
material tóxico o altamente letal. La cremación es la forma más segura y
efectiva de eliminarlo. A pesar de los rumores de que quemar un grupo de cadáveres
podría propagar Virus en forma de plaga a través del aire, el sentido común
nos diría que ningún virus es capaz de sobrevivir al calor intenso, por no
hablar de un incendio.
K.
¿Domesticación?
Repetimos, el
cerebro de un zombi ha demostrado ser, hasta el momento, inalterable. Los
experimentos que se han realizado con productos químicos, cirugía e incluso
descargas electromagnéticas, han dado resultados negativos. La terapia para
cambiar su comportamiento y otros intentos para entrenar a los muertos vivientes
como bestias de carga o algo parecido también han acabado en fracaso. De nuevo,
no podemos cambiarle el chip a la máquina. Será tal como es o no será.
El Virus funciona
viajando dentro del sistema sanguíneo, desde el punto de entrada inicial hasta
el cerebro. De un modo que aún no se ha llegado a comprender del todo, el virus
usa las células del lóbulo frontal para la replicación y las destruye en el
proceso. Durante este periodo, cesan todas las funciones del cuerpo. Cuando se
para el corazón, se da por muerto al
sujeto infectado. El cerebro, sin embargo, continúa vivo pero inactivo,
mientras el virus muta las células y las convierte en un órgano completamente
nuevo. La particularidad más decisiva de este nuevo órgano es su independencia
del oxígeno. Si eliminamos la necesidad de este elemento tan importante, el
cerebro de los no muertos puede utilizar, pero no depende de él en ninguna
medida, el complejo mecanismo de apoyo del cuerpo humano. Una vez completada la
mutación, este nuevo órgano reanima el cuerpo convirtiéndolo en una forma que
guarda poco parecido (fisiológicamente hablando) con el cadáver original.
Algunas de las funciones corporales continúan siendo constantes, otras operan
de manera diferente y las restantes se inhabilitan para siempre. Este nuevo
organismo es un zombi, un miembro de los muertos vivientes.
- Origen
Desgraciadamente,
las investigaciones intensivas aún no han encontrado ningún ejemplo aislado de
Solanum en la naturaleza. Los resultados obtenidos al analizar la tierra, el
agua y el aire de todos los ecosistemas en todo el mundo, incluyendo la fauna y
la flora, han sido negativos. Mientras escribo este libro, la investigación
continúa.
- Síntomas
La relación de
horas que aparece a continuación esboza el proceso de conversión de un humano
infectado (varias horas arriba o abajo, dependiendo de la persona):
Hora 1: Dolor y
decoloración (marrón-morado) de la zona infectada. La herida se coagula
inmediatamente (dado que la infección proviene de una herida).
Hora 5: Fiebre
(37-39° C), convulsiones, demencia leve, vómitos, dolor intenso en las
articulaciones.
Hora 8:
Entumecimiento de las extremidades y del área infectada, aumento de la fiebre
(39-41° C), aumento de la demencia, pérdida de la coordinación muscular.
Hora 11:
Parálisis de la zona inferior del cuerpo, entumecimiento general, disminución
de la frecuencia cardiaca.
Hora 16: Coma.
Hora 20: Parada
cardiaca. Actividad cerebral nula. Hora 23: Resurrección.
3. Transferencia
El Virus es
cien por cien contagioso y cien por cien letal. Afortunadamente para la raza
humana, el virus no se transmite ni por el agua ni por el aire. No se conoce
ningún contagio del virus en humanos por medio de los elementos de la
naturaleza. La infección sólo puede darse a través del contacto directo de
fluidos. La mordedura de un zombi, a pesar de que es la forma de transferencia
más conocida, no es, en absoluto, la única. Hay humanos que se han infectado
por rozar una herida abierta contra otra de un zombi o al ser salpicados con
sus restos después de una explosión. El desenlace que conlleva la ingesta de
carne infectada (suponiendo que la persona no tenga ninguna llaga abierta en la
boca), más que la infección, suele ser la muerte permanente. Se ha comprobado
que la carne infectada es altamente tóxica.
No existe
información alguna (histórica, experimental o cualquier otra) sobre las
consecuencias de mantener relaciones sexuales con una especie no muerta, pero,
como apuntamos anteriormente, la naturaleza del Solanum indica un alto riesgo
de infección. Advertir de un caso como este resultaría inútil, puesto que una
persona lo suficientemente irracional para intentarlo estaría tomando una
actitud pasiva para con su propia seguridad. Muchos afirman que, dada la
coagulada naturaleza de los fluidos corporales de los no muertos, las
posibilidades de infectarse por un contacto que no fuera un mordisco deberían
ser pocas. Sin embargo, debemos recordar que un único organismo es suficiente
para empezar el ciclo.
4. Infección de
las otras especies
El Solanum es
letal para todas las criaturas vivas, sin tener en cuenta el tamaño, la especie
o el ecosistema al que pertenezcan. Sin embargo, sólo los humanos resucitan.
Los estudios demuestran que cuando el Solanum infecta un cerebro que no es
humano, este muere horas después de la muerte de su huésped, lo que demuestra
que el cadáver del animal puede combatirlo. Los animales infectados expiran
antes de que el virus pueda replicarse completamente en sus cuerpos. La
infección por la picadura de insecto, como la de los mosquitos, también puede
descartarse. Los experimentos han demostrado que todos los insectos parásitos
perciben el virus y rechazan a un huésped infectado el cien por cien de las
veces.
5. Tratamiento
Una vez que un
humano se infecta, no se puede hacer gran cosa por salvarlo. Esto se debe a que
el Solanum es un virus y no una bacteria, por lo que los antibióticos no hacen
efecto. La inmunización, la única forma de combatir el virus, es igualmente
inútil, ya que incluso la dosis más pequeña provocaría la infección completa.
Se está llevando a cabo la investigación genética. Los objetivos van desde
formar anticuerpos humanos más potentes hasta una estructura celular resistente
o un antivirus diseñado para identificar y destruir el Virus. Estos y otros
tratamientos más resistentes se encuentran por el momento en las etapas más
iniciales, sin ningún éxito previsible en un futuro cercano. Las experiencias
vividas en la vida real han llevado a la inmediata escisión del miembro
infectado (suponiendo que ese sea el lugar de la mordedura), pero tales
tratamientos son poco seguros, con menos de un diez por ciento de índice de
éxito. En general, el humano infectado está condenado desde el momento en que
el virus entra en su sistema. Debería suicidarse y debería también recordar
que el cerebro es lo primero que debe eliminarse. Se han registrado casos en
que sujetos que acaban de infectarse, y que mueren por circunstancias ajenas al
virus, pueden, aun así, resucitar. Estos casos suelen ocurrir cuando el sujeto
expira cinco horas después de la infección. No obstante, la persona que muere
tras ser mordida o que se infecta de algún otro modo, debería ser
inmediatamente eliminada.
6. Resucitar a
los muertos
Se ha llegado a
sugerir que los cadáveres humanos aún frescos podían resucitar si se les
introducía Virus después de la defunción. Esto es una falacia. Los zombis
ignoran la carne necrótica y, por consiguiente, no puede transferirse el virus.
Los experimentos llevados a cabo durante la Segunda Guerra Mundial (véase
«Ataques registrados», p. 265 y ss.) han demostrado que inyectar Virus en un
cadáver resultaría fútil porque un sistema sanguíneo paralizado no podría
transportar el virus al cerebro. Inyectarlo directamente en un cerebro muerto
tampoco serviría de nada, ya que las células muertas no podrían responder al
virus. Solanum no
da la vida: la altera.


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